El culto de la Difunta Correa tiene su origen a mediados del siglo XIX en la región cuyana de nuestro país y gracias a su popularidad supo difundirse por todo el territorio más allá de las fronteras. Se suele recurrir a la santa popular por varios motivos, para curar a los enfermos, como patrona de arrieros y viajeros, por ayuda en amores y para protección de las madres, entendiendo que ante cualquier solicitud se promete una ofrenda o un acto a cambio, para poder agradecer el pedido cumplido. Esto ocasiona las grandes peregrinaciones hacia el santuario de Vallecito, San Juan, lugar en donde habría sido enterrada la Difunta. En este trabajo se propone indagar acerca de su iconografía, a partir de la imagen de una estampita considerándola una obra de arte desde la perspectiva de Enrique Dussel (2017) en el texto Siete hipótesis para una estética de la liberación. A su vez se presentará la devoción hacia la santa como una instancia superadora entre la cosmovisión de los pueblos originarios y el pensamiento europeo, retomando el concepto de fagocitación de Rodolfo Kusch (1962) desarrollado en su libro América Profunda.