La consideración y abordaje de la evaluación de la sustentabilidad tiene sus inicios en la propia definición del Manejo Forestal Sustentable (MFS), ver Capítulo 1. Como se mencionó, el MFS debe ser capaz de equilibrar valores sociales, económicos y ambientales (Aplet et al., 1993; Raison et al., 2001). Por otro lado, es posible vincular este concepto con aquel surgido en la década del 90 en los Estados Unidos definido como Manejo de Ecosistemas y el uso múltiple de los bosques (Young & Giese, 2003), en el cual se plantea la consideración de las necesidades humanas compatibilizadas con las capacidades de los ecosistemas. Esta necesidad de lograr el equilibrio y establecer una visión global simultánea del sistema en sus aspectos ecológicos y socio productivos introduce mayor complejidad al momento de tomar decisiones relativas al manejo. En este sentido, su evaluación es una tarea compleja ya que implica valorar y cuantificar, en forma simultánea el cumplimiento de objetivos que abarcan distintas dimensiones y variables descriptivas (ecológicas, económicas y socio-culturales).
Tras la Cumbre de la Tierra, con la declaración de los Principios Forestales y el establecimiento del Programa 21 en su capítulo 11, se detallaron los compromisos internacionales para el manejo sustentable de los bosques y se identificó la necesidad del desarrollo de principios, criterios e indicadores (PC&I) para la evaluación del MFS (Baycheva- Merger & Wolfslehner, 2016).