A continuación socializamos el análisis de los aspectos de uno de los dispositivos de formación para la enseñanza: la observación. Para encuadrar esta tarea son necesarias algunas definiciones. Tal como afirmamos en capítulos precedentes, concebimos a las prácticas de la enseñanza como prácticas pedagógicas porque operan desde el sentido de la reflexión y la intervención educativas. Las entendemos como prácticas sociales, y por eso son altamente complejas dado se desarrollan en escenarios singulares condicionadas por el contexto (Edelstein y Coria, 1996). La multiplicidad de dimensiones y la simultaneidad con la que se expresan, los contextos socio-históricos concretos en los que tienen lugar, y los valores que entran en juego, permiten comprender que ellas son singulares y complejas. Por lo mismo pueden ser interpretadas desde diversos ejes para su comprensión, análisis y reflexión. Demandan decisiones pedagógico-didácticas que suponen tomas de posición, éticas y políticas, en las que inevitablemente se tensarán condiciones objetivas y subjetivas.