Este estudio analiza la evolución de la educación rural en la provincia de Chimborazo (1990-2025) articulando tres dimensiones: políticas públicas, prácticas escolares y resignificación comunitaria. Mediante análisis documental de marcos normativos, planes sectoriales y rendiciones de cuentas, y una lectura multiescalar (macro–meso) de su implementación territorial, se identifican tres etapas: i) transición-neoliberal (1990-2006), marcada por reformas tecnocráticas y homogeneización curricular; ii) "revolución educativa” (2007-2017), con expansión de inversión, desconcentración administrativa y la LOEI, pero persistencia de centralismo pedagógico; y iii) etapa reciente-pospandemia (2018-2025), en la que la crisis sanitaria visibiliza brechas estructurales y cataliza innovaciones locales. Los hallazgos muestran que la descentralización administrativa no se tradujo de manera sostenida en autonomía curricular; sin embargo, las comunidades —especialmente en circuitos EIB y escuelas multigrado— resignificaron las políticas mediante bricolaje pedagógico, cogobernanza, currículo situado y usos auténticos de la lengua originaria. La pandemia operó como punto de inflexión: profundizó la desigualdad educativa, pero legitimó estrategias multimodales y el uso de espacios comunitarios, consolidando a la escuela como nodo de cuidado y aprendizaje. Se concluye que la trayectoria histórica de la educación rural en Chimborazo es el resultado de una co-producción entre Estado y comunidad, donde la resignificación local modula los efectos de la política sobre acceso, organización y contenidos.