En este capítulo presentamos la experiencia de documentación de la práctica que llevamos adelante en la cátedra desde hace varios años. Tal como se ha explicitado en el capítulo 1 de este libro, concebimos a la práctica como objeto de estudio y como ámbito de intervención. Por esta razón, la labor de la práctica educativa y de la teoría debe realizarse conjuntamente, porque ¿puede comprenderse la práctica sin referencia a las comprensiones de quienes la ejercen? (Carr, 1990). Y en este mismo sentido, por ser para nosotros doblemente conceptualizada, es condición necesaria documentarla, registrarla, guardar memoria de lo que en ella sucede, desde el punto de vista de los actores para poder volver sobre ella para objetivarla, estudiarla, revisarla y poder conceptualizarla. Así, la enseñanza se va constituyendo mediante procesos reflexivos, y para esto la producción de formatos documentales permite asignar sentidos y anudar, historizándola, experiencias de grupos que se suceden en diversos ámbitos de enseñanza. En esta oportunidad, focalizaremos la mirada sobre dos dispositivos y el trabajo sobre ellos en el contexto de la cátedra: las crónicas de clase y las carpetas, que dan cuenta del recorrido personal del practicante durante el proceso, desde su propia perspectiva.