Los intelectuales hispanoamericanos que transitaron el siglo XIX realizaron actos de habla y escritura, que fueron formas de intervención práctica y no meras representaciones de la realidad. Fueron varones que adoptaron una diversidad de pensamientos al calor de los procesos de independencia, de conformación y de modernización de los estados-nación. En ese sentido, una historia de los intelectuales no ha de reducirse ni confundirse con una historia de las ideas o textos. El ejercicio del pensar y escribir textos en determinado momento histórico ha resultado mejor comprendido teniendo en cuenta sus condiciones de existencia. Para principios de siglo XIX, muchos de ellos, aspiraron a ocupar un lugar central en la sociedad en calidad de ideólogos y participantes activos de la realidad social. Se encontraron presentes en los debates que dieron forma a las nacientes naciones, y tuvieron directa o indirecta incidencia en las luchas centrales por su configuración. Las variadas trayectorias personales que se desenvolvieron en esos caóticos años, han mostrado los ideales de sociedad futura a la que aspiraron alcanzar. Cada proyecto escrito o palabra enunciada se encontraba subordinado a cumplir esa visión. Los letrados se han encontraron ligados a la construcción de una comunidad política y cultural en sus respectivos países. Ellos no sólo acompañaban a un poder, también se proyectan como dueños del mismo. Se encontraban en una lenta batalla por conquistar la imaginación de las clases dominantes, pero también con la mirada puesta hacia un público cada vez más diversificado.