Entre las tesis más importantes sobre el surgimiento de la nacionalidad y el nacionalismo, la más influyente en los últimos años, ha sido la enunciada por Benedict Anderson, en su libro Comunidades Imaginadas. Allí, el autor describe al surgimiento de la Nación moderna, a partir de la confluencia de "fuerzas históricas discretas”, pero persistentes, que al coaligarse, habrían logrado convertirse en artefactos "modulares, capaces de ser trasplantados, con grados variables de autoconciencia” (Anderson, 1993: 21). Es decir, que la Nación como forma de identidad y organización política de una comunidad, pudo ser emulada desde su modelo original, a partir de su consolidación a finales del siglo XVIII, en todo el mundo occidental. La tesis de Anderson, mucho más compleja que la descripción recién dada, ha sido muy estimulante para las indagaciones sobre el nacionalismo, pero no ha estado exenta de controversias. En el caso latinoamericano, estas controversias se han situado, con preferencia, en relación al capítulo cuarto de su libro, "los pioneros criollos”, ya que allí se afirma, que fueron las élites hispanoamericanas quienes primero lograron crear las condiciones para constituir este vínculo tan novedoso de ciudadanía horizontal.