La Educación en general, y la Educación Física contemporánea en particular, fueron construyéndose a partir de una serie de acontecimientos históricos y de saberes que fusionaron ciertas maneras de concebir el cuerpo y, al mismo tiempo, un modo de comprender la educación. Los saberes, es decir los conceptos con los que supuestamente se deben pensar y organizar las prácticas de la educación del cuerpo, parten desde diferentes perspectivas, que se pueden entrever en la lectura del diseño curricular actual y de otros anteriores. El curriculum ha sido una de las cuestiones más debatidas, no sólo en términos académicos sino también políticos, en la medida en que cada sociedad ha dado una respuesta a lo que considera que la escuela debe enseñar a los jóvenes. "La legitimidad de nuestro accionar tiene que ver con la capacidad de dar cauce, ampliar o nutrir lo que la sociedad considera que es importante y relevante enseñar” (Dussel, 2007: 4). Esto implica concebir el curriculum como un documento público, que más allá de representar los objetivos y contenidos de un plan educativo, es producto del "resultado de las luchas por el acceso a la cultura socialmente seleccionada como válida” (Grinberg y Levy, 2009: 59). Pensar al curriculum de esta manera nos permite abordarlo no sólo como un asunto técnico, sino como una práctica social, histórica y, por ende, política.