Desde hace muchos años siento una conexión con Salvador de Bahía, Brasil; hay muchos motivos por los cuales encuentro un gran interés en esta ciudad. El principal motivo es la cultura negra, que me ha llevado varios años de estudio para entender al menos algunos aspectos de esta. Pero ¿de qué estoy hablando cuando digo cultura negra? Para empezar, Salvador fue uno de los puertos de esclavos más grandes del continente y, por ende, es una de las ciudades con mayor porcentaje de población negra del mundo fuera del continente africano; es por este motivo que suele ser considerada la capital afro de América Latina. Además, fue la primera capital de Brasil entre 1549 y 1763, con una poderosa infraestructura y con un continuo flujo —durante un período de alrededor de 500 años— de personas esclavizadas provenientes del continente africano (UNESCO, s. f.). Como sabemos, personas traídas en condiciones deshumanizantes y despojadas de absolutamente todo patrimonio material, y cuyos esclavizadores pretendían que se despojaran también de su patrimonio inmaterial. Como dato ilustrativo: en la ciudad de Ouidah, Benín, se encuentra el Árbol del Olvido, un árbol, hoy simbólico, en el que —según la memoria pública local— hacían dar vueltas a las personas capturadas para que olvidaran su historia, cultura, idiosincrasia y religión (UNESCO, s. f.).