Los términos "epistemología” y "gnoseología” son considerados a menudo como sinónimos; en ambos casos se trata de "teoría del conocimiento”, expresión que se usa asimismo en vez de cualquiera de las dos anteriores. Durante algún tiempo, por lo menos en español, se tendió a usar gnoseología con preferencia a epistemología. Luego, en vista de que gnoseología era empleado bastante a menudo por tendencias filosóficas de orientación escolástica, se tendió a usar esa palabra en el sentido general de teoría del conocimiento, sin precisar de qué tipo de conocimiento se trataba, y a introducir epistemología para referirse al conocimiento científico, o para dilucidar problemas relativos al conocimiento cuyos principales ejemplos eran extraídos de las ciencias. Crecientemente, en parte por influencia de la literatura filosófica anglosajona, se ha impuesto el uso de epistemología prácticamente en todos los casos. En el campo de la educación, probablemente como resultado de la generalización apuntada en el párrafo anterior, la palabra epistemología se ha hecho de uso corriente a partir de los movimientos críticos en el campo del currículum y en la didáctica emprendidos a partir de las décadas de 1970 y 1980, muchas veces sin que su utilización encuentre justificaciones claras o referencias precisas. No es de extrañar, entonces, que, tanto la palabra como cierta confusión u oscuridad que suele acompañarla, hayan irrumpido en el campo de las prácticas corporales educativas o, más precisamente, en las producciones de la educación física teórica. En este contexto, cabe preguntar si tiene sentido reflexionar en términos epistemológicos en el campo de la educación física o en el de las prácticas corporales, en general, y en qué sentido, dado que la acepción amplia del término autoriza la reflexión mientras que la estricta la niega, en tanto la educación física no es una ciencia.