Quienes habitamos el sistema educativo universitario convivimos con una tensión constante: entre instituciones, cuerpos docentes y un estudiantado que representan valores de siglos diversos en un mundo que, paradójicamente, se transforma a gran velocidad en algunos aspectos y permanece inmóvil en otros. Observamos la coexistencia de instituciones centenarias, docentes formados durante el siglo XX y estudiantes nacidos en el siglo XXI. Este escenario singular obliga a la agenda universitaria a plantear una pregunta de difícil respuesta: ¿Qué universidad necesitamos? Responder a esta complejidad es difícil, pues implica abordar un mundo diverso que, por momentos, asume temas comunes, pero que también se distancia según las características locales. Sin embargo, debemos reconocer que toda la humanidad está "en el mismo barco", aunque en diferentes "camarotes".