El río cambia según sus propios ritmos, modifica sus límites de forma imprecisa, imprevista trasladando sus características impasibles al territorio. Mantiene la temperatura, la humedad del ambiente, la riqueza de su vida. El que se descubre es el paisaje del territorio, que cambia, varía, oscila ante nuestra mirada muchas veces expectante, otras, resignada, otras veces incrédula ante esta potencialidad de vida y movimiento latente. Vivimos en una época en donde los sentidos se encuentran adormilados, la percepción entumecida. Entre la perdida cotidiana de otros patrimonios intangibles, la de la percepción, reduce la comprensión del entorno en el que vivimos esquivando la identidad del mismo y confundiendo nuestro sentido de pertenencia. Aparecen los riesgos del abandono de lugares, la aparición de áreas sin características propias, la contaminación. El paisaje es más que una imagen, es una experiencia visual, sonora, táctil que cambia en instantes debido a la luz, los sonidos, las brisas, los movimientos. Esta aproximación apunta a cambiar la mirada a través de la agudización de los sentidos, de la potencialización de los estímulos, de la percepción. p a i s a j e _ oscilante RECORRIDO PEATONAL en Punta Lara Los estímulos, las percepciones que se pueden intensificar constituyen factores importantes de un propósito de cambio y diversidad, a esto hace referencia Kevin Lynch (1981) cuando afirma que: “Se pueden crear distritos que tengan una fuerte identidad visual o dotarlos de límites visibles, construir centros activos de algún carácter especial, crear hitos visibles y audibles en puntos y momentos estratégicos, explotar e intensificar las características naturales, o conservar y realzar el carácter urbano ya existente”. El ejercicio sobre un proyecto-paisaje en el área de Punta Lara, nos ofrece una oportunidad ideal para ensayar la posibilidad de añadir nuevos estímulos sensoriales o realzar los ya existentes, orientado a cambiar la manera de “ver”, vivir y disfrutar del mundo exterior, teniendo en cuenta que el ser humano necesita de los estímulos para desarrollar su intelecto y su sentido estético. Procuramos poner en valor esta zona costera, desde el punto de vista paisajístico, teniendo en cuenta la recuperación y conservación sustentable de la calidad medio ambiental del área y utilizando la percepción sensorial como medio de aproximación, análisis y generador de posibles pautas de intervención, apelando a potenciar estímulos y sensaciones, que transformen la mirada y el aprecio de quien habita o concurre a este particular lugar.