Hablar de un folklore musical argentino institucionalizado es hablar a su vez de la contextualización, descontextualización, recirculación y resignificación de sus producciones al ser trasladadas de sus contextos de referencia y origen hacia otros contextos y ámbitos de circulación.
Sin duda, algo ocurre con estas producciones cuando esto sucede, algo cambia y nada vuelve a ser igual, dando lugar a una determinada institucionalización o institucionalizaciones de nuestro folklore, que es precisamente lo que motiva el desarrollo de este escrito.
Al considerar las producciones del folklore argentino -como el conjunto de danzas, músicas y literatura que lo constituyen como género- es necesario aclarar, que valen tanto si concebimos al mismo desde la correspondencia entre las distintas regiones de nuestro país con cada una de las especies o danzas o subgéneros que lo constituyen, como si consideramos a nuestro país como una única unidad geográfica en la que se encuentran presentes y circulan todas las especies musicales de nuestra música folklórica. Más allá de que no influye de una manera notoria y determinante en los procesos que proponemos de entrada. Las fronteras culturales son las que realmente importan y, en la mayoría de los casos, exceden los límites geográficos convencionales. Por lo cual, siempre estarán presentes los procesos de contextualización, descontextualización, recirculación y resignificación, adquiriendo funciones sociales distintas en cada caso.