Los análisis de los diferentes esquemas de integración, tales como el modelo europeo y los desarrollados en América Latina y el Caribe, demuestran la existencia de elementos comunes o aglutinantes que derivan en el éxito del proceso integrador o en su fracaso. Tal es así que se ha destacado que la voluntad política, la homogeneidad del grupo y la comunidad de intereses resultan necesarios para que los procesos deriven en acciones positivas y resultados superadores para los países integrados (Laredo, 1994).
La autora considera en cuanto a la voluntad política integradora que la misma debe enmarcarse no solo en el aspecto gubernamental, sino también a nivel de participación social. De esta manera, la acción de los gobiernos en materia de integración debe ir acompañada de la participación de los actores sociales para resultar efectiva, ya que los mismos serán a la postre los beneficiarios o perjudicados de los frutos o de los desaciertos de la puesta en marcha del proceso.