El siguiente capítulo analiza las tesis fundamentales, la evolución histórica y las crisis internas del Círculo de Viena y el positivismo lógico. La autora parte del Manifiesto de 1929, subrayando que su objetivo principal era la consecución de una ciencia unificada mediante un compromiso colectivo y una postura anti-metafísica que rechazaba conceptos como sustancia o causalidad necesaria. El texto examina la estructura de las teorías científicas desde la perspectiva de Carl Hempel, quien las define como entidades lingüísticas articuladas a través de principios internos (teóricos) y principios puente (que conectan lo teórico con lo observable).
Uno de los ejes centrales es la disputa sobre la base empírica y los enunciados protocolares, donde se detalla el paso del fenomenismo inicial (basado en datos sensoriales privados e inefables) hacia el fisicalismo propuesto por Neurath y el Carnap posterior, que buscaba un lenguaje intersubjetivo basado en objetos macroscópicos. Asimismo, se explora la transformación del criterio de demarcación: desde la exigencia original de verificabilidad completa —que enfrentó problemas lógicos con las leyes universales— hacia la noción de confirmabilidad y el desarrollo de una lógica inductiva basada en grados de confirmación probabilísticos. Finalmente, el capítulo aborda el concepto de progreso científico entendido como un proceso de reducción interteórica, donde las teorías nuevas sintetizan o absorben a las precedentes.