La patogenia bacteriana se refiere al conjunto de procesos mediante los cuales las bacterias son capaces de producir enfermedad en un organismo hospedador, resultado de una interacción dinámica entre las propiedades del microorganismo y los mecanismos de defensa del huésped. En términos generales, este proceso se inicia con la capacidad de ciertos microorganismos para establecerse en un ambiente biológico, superando barreras naturales y condiciones adversas. A lo largo de la infección, las bacterias despliegan diversas estrategias que favorecen su permanencia y multiplicación, incluyendo la expresión de factores de virulencia que les permiten adaptarse, obtener nutrientes y resistir las respuestas defensivas. Estas estrategias no solo facilitan la supervivencia bacteriana, sino que también contribuyen al desarrollo de alteraciones funcionales y estructurales en los aparatos y sistemas del hospedador.
Por su parte, el sistema inmunológico responde mediante mecanismos innatos y adaptativos que buscan contener y eliminar al agente infeccioso. Sin embargo, en muchos casos, esta respuesta puede resultar insuficiente o incluso contribuir al daño tisular. En este sentido, la enfermedad no es únicamente consecuencia de la acción bacteriana directa, sino también del equilibrio —o desequilibrio— entre la agresión microbiana y la respuesta del huésped. Así, la patogenia bacteriana constituye un fenómeno complejo que determina la evolución y gravedad de las infecciones.