Los radares meteorológicos son utilizados principalmente para detectar los hidrometeoros presentes dentro de las nubes siendo vitales para el pronóstico a muy corto plazo de forma cualitativa y cuantitativa. Dependiendo de la frecuencia de transmisión del radar, el pulso enviado y su posterior recepción serán en mayor o menor medida susceptibles a la presencia de lluvia intensa o granizo. En los radares de banda C, que conforman la mayoría de los instalados en Argentina, este fenómeno llamado "atenuación” se observa en imágenes como una disminución artificial muy fuerte de la intensidad observada hacia atrás de las tormentas (ver Aldana y otros (2025) y las referencias allí mencionadas). Más aún, cuando precipita en el sitio del radar se da un evento de atenuación severa conocido como "efecto de radomo mojado” que potencialmente puede atenuar todo el campo de visión del radar (Germann, 1999). Este efecto se puede observar en la Figura 1 donde, con una diferencia de 10 minutos entre imágenes, la situación meteorológica (es decir, la extensión espacial de las tormentas y su intensidad máxima) se podría pensar como invariante. Sin embargo, la intensidad máxima que se observa en, por ejemplo, las celdas que se encuentran sobre el sur de la Ciudad de Buenos Aires y el Río de la Plata disminuyen alrededor de 20 dBZ.