Se da a conocer el empleo etnográfico de secreciones de ciertos anuros, para emponzoñar dardos y flechas, cuyo uso no es bien conocido. Su estudio científico -aunque desde el exclusivo punto de vista fisiológico- comienza con Claude Bernard (1857). El veneno que proviene de una mezcla de las secreciones de las glandulas dorsales, de las pequeñas de Leydin y de las parotoides, con sangre, tierra y hollin y, probablemente, virus neuroectodérmico, dado su método de extracción, parece haber sido amplio en Sudamérica. Queda por investigar, si la localización actual en el Orinoco, representa un centro antiguo de difusión o de especialización.