El concepto ‘sororidad’, creado por los feminismos, alude a un vínculo de solidaridad entre mujeres que no solo apunta a un modo de unión, sino que también propicia condiciones para inventar territorios existenciales libres de violencias. En este trabajo se propone un recorrido por algunas referencias que teorizan esta modalidad de enlaces colectivos en diálogo con una experiencia de trabajo con mujeres, cuyas luchas cotidianas, expresan los modos de resistencia ante un patriarcado colonial-capitalístico (Rolnik, 2019) que avanza ferozmente. En la propuesta de la cátedra Psicoterapia II, Facultad de Psicología, de la UNLP, transitando el paisaje que nos muestra a Ana María Fernández en su tesis sobre el campo grupal (Fernández, 1989), se aprecia un recorrido genealógico respecto a las producciones sobre lo grupal, que emergen en distintas urgencias socio históricas, y producen demarcaciones en el ámbito del saber-poder. En esa producción, la autora sitúa las terapias de estructura fraternal y ejemplifica, como parte de esa estructura, con la lógica de los grupos de quienes nomina en ese momento, como "mujeres maltratadas”1. A partir de esa referencia, se realiza una deriva que conduce a situaciones grupales efectuadas actualmente como intervenciones en torno a las violencias por razones de género.