¿Cuántas descripciones se han hecho del célebre rillatún araucano? Solamente en nuestro país quizá varias decenas, que son las que interesan para este trabajo. Las hay de distinto carácter y algunas debidas a la pluma de atentos observadores, aunque en general adolecen de un exceso de poesía. Este aspecto, lamentable desde el punto de vista de la objetividad científica, vicia hoy la mayor parte de las obras que abordan el campo espiritual del pueblo araucano. La fantasía poética va desde la leyenda hasta la toponimia. Y quien sufre las consecuencias es desde luego el lector desprevenido. Pero volvamos al rillatún o kamarikún, la fiesta religiosa (anual) por excelencia de ese pueblo. Ha sido descrito, como digo, muchas veces y con lujo de detalles. Pero uno de ellos, tal vez el más importante de la ceremonia, ha escapado hasta aquí a todos los curiosos. Me refiero a las canciones de las mujeres. Y debo apresurarme a aclarar que hay dos categorías de canciones: las unas, verdaderas salmodias por su música y su significado, que se entonan en las partes de rogativa propiamente dicha de la ceremonia, son las aludidas por los observadores: «Ya de pie, ora postradas, las ancianas canturreaban misteriosas oraciones, en la que luego se nos dijo pedían a Genechen su protección», etc., narra por ejemplo Félix San Martín.