Julio de 1987. Hacía poco más de un año que Federico Vogelius había sido devorado por el cáncer. La muerte del fundador y director ejecutivo de la revista Crisis, había producido una serie de transformaciones al interior de la icónica publicación, que desde abril de 1986 transitaba su segunda etapa1. La muerte de Vogelius terminó de madurar un problema político que se venía gestando al interior de Crisis: los herederos y el comprador de la revista, José Luis Díaz Colodrero, permitían e invitaban a los intelectuales agrupados en torno a Crisis a continuar con el proyecto, incluso conservando el nombre. Sin embargo, como moneda de cambio, debían moderar la línea editorial de la revista. Dice Vicente Zito Lema, que en ese momento era el director de Crisis: ante esa oferta "nuestra respuesta fue la única que correspondía” (Zito Lema: 1987a); esto es: no. El resultado de esa posición política, incluso ética, tendría sus efectos: por un lado, se cerraba la segunda etapa de Crisis (1986-1987) y se abría la tercera (1987-1991); pero, también, desde el interior de esa transformación, en julio de 1987, nacía la revista Fin de siglo (1987-1988). Y lo hacía en una nutrida y tensa coyuntura política, económica y cultural.