Desde la recuperación democrática producida en nuestro continente en la década de 1980, la ideología económica dominante en América Latina durante la mayor parte del tiempo, fue el neoliberalismo. El modelo neoliberal se basa en contener los gastos del Estado, con preponderancia de las empresas privadas y el mercado, lo que fortalecería a la sociedad civil y la ciudadanía a las que se las liberaría de la "opresión estatal”.
Las políticas económicas implementadas, impuestas y controladas por organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se basan en una "receta” que se aplica indistintamente en cualquiera de los países de la región. (Amin, 2001, p. 22).
Las consecuencias de la aplicación de este modelo ha sido el aumento de los índices de pobreza y desigualdad y la profundización de la concentración y acumulación del capital en cada vez menos manos. Es el momento pues de pensar en modelos alternativos de desarrollo, alejados de las exigencias que los países desarrollados imponen a través de los organismos internacionales de crédito y de las instituciones comerciales internacionales.
Uno de esos modelos alternativos es la teoría del "desarrollo auto-centrado”, siendo la "teoría de la desconexión” planteada por el economista egipcio Samir Amin, una de las versiones que mayor elaboración ha tenido.