En el último tercio del siglo XIX, en la provincia de Tucumán se produjeron grandes transformaciones económicas y sociales, consecuencia del desarrollo de la industria azucarera que con la llegada del ferrocarril posibilitó la modernización de los ingenios, produciendo la introducción de la agroindustria en el mercado nacional (Álvarez y Correa Deza, 2013, 4). Además, el arribo de ingenieros y técnicos extranjeros, por la adquisición de nueva maquinaria para las fábricas, favoreció el intercambio cultural con las principales ciudades europeas. Consecuencia de este proceso, se generó un significativo desarrollo urbano y rural en un clima general de progreso y prosperidad. La temprana "modernización" que experimentó Tucumán, de la mano del desarrollo industrial, la posicionaron con ventajas relativas respecto del resto de provincias del interior, exceptuando al Litoral, Córdoba y Mendoza, gracias a sus producciones exportables. Así mismo, un sector social basó su riqueza en el capital industrial, por lo cual pudo tomar contacto con los movimientos de vanguardia europeos.