Este Trabajo Final Integrador se propone indagar en el rol que asumen las producciones escritas elaboradas por niños y niñas de 1.º y 2.º año (6 y 7 años) en una escuela primaria rural plurigrado del partido de Saladillo, provincia de Buenos Aires, durante la resolución de problemas del campo aditivo y en los posteriores momentos de validación colectiva. A partir de los aportes de la Didáctica de la Matemática de la escuela francesa —en particular la Teoría de las Situaciones Didácticas— y de la Didáctica de las Prácticas del Lenguaje, el estudio se vincula con un enfoque socioconstructivista. Desde este marco, la escritura no se piensa como un registro pasivo de ejecuciones algorítmicas, sino como una herramienta cultural donde el acto de escribir funcionaría como un instrumento epistémico clave que podría favorecer la internalización del pensamiento, la externalización de estrategias y la construcción de significados matemáticos en entornos de interacción social.
La metodología implementada se basó en un diseño cualitativo y situado, estructurado en dos instancias didácticas consecutivas: entrevistas de resolución en parejas fuera del aula y puestas en común con la totalidad del grupo-clase. El registro empírico se llevó a cabo a través de grabaciones de audio y video, toma de notas y la recopilación de las producciones en papel de los alumnos.
Los datos analizados parecerían sugerir que las escrituras espontáneas e incipientes de los alumnos —aun alejadas de las convenciones escolares— podrían operar como esquemas de acción dinámicos. El análisis de las interacciones se estructuró en torno a cinco ejes fundamentales que darían cuenta del carácter social del aprendizaje: la diversidad de procedimientos y registros; la escritura como medio para revisar errores; el uso espontáneo de notaciones propias; las transformaciones de la escritura al transitar de la resolución en parejas a la puesta en común; y las interacciones mediadas por la marca escrita entre alumnos con conocimientos diversos.
A modo de cierre, se plantea la hipótesis de que las escrituras producidas por los alumnos actuarían como herramientas epistémicas capaces de organizar, estabilizar y movilizar los esquemas de acción y de producción durante la resolución de problemas. El trabajo buscaría, entonces, visibilizar la potencia de tales marcas en el aula de matemática, en tanto tenderían a permitir el sostenimiento de procedimientos, la revisión de errores, la invención de representaciones, la comunicación y la validación colectiva. Fomentar dicha práctica con una función epistémica podría propiciar que los estudiantes expliciten las relaciones entre sus acciones y los conceptos matemáticos, lo que a su vez favorecería la transformación de experiencias individuales en conocimiento compartido y el desarrollo de procesos de argumentación. Se concluye que reconocer el lugar de la escritura en la enseñanza de la matemática sugeriría la importancia de valorarla no solo como producto final, sino como un proceso vivo en el que se hace visible el pensamiento en construcción. Al poner el foco en estas producciones, los niños y las niñas tendrían la oportunidad de aprender matemática a partir de lo que escriben, comparten y transforman en diálogo con los demás.