Estamos ante un momento constituyente en el derecho internacional.
La emergencia de un nuevo humanismo jurídico global, articulado desde la noción de comunidad humana de destino compartido y centrado en los derechos humanos como valores comunes, abre un horizonte transformador para la gobernanza global. América Latina y China tienen ante sí la posibilidad —y la responsabilidad— de construir juntos un nuevo paradigma legal que honre la dignidad humana, la diversidad cultural y el futuro común de la humanidad.