La particularidad de esta observación reside sobre todo en el volúmen de la lesión relacionada con el volúmen del animal y en la calidad del órgano afectado. Las autopsias numerosas que hemos tenido oportunidad de practicar en las gallináceas, nos han permitido observar toda una serie variada de tumores, quistes y abcésos y constatar además la tendencia que tienen estas lesiones a adquirir un gran desarrollo. Así, en algunos casos y con especialidad el que nos ocupa, la lesión había llegado a tal grado de evolución, que era imposible concebir que un animal pudiese vivir con signos aparentes de salud, siendo portador de un enorme tumor que comprometía la integridad funcional de la mayor parte de los órganos torácicos y abdominales, alterando su ubicación anatómica.