En estos últimos años, ha cobrado una relevancia y preponderancia significativa el discurso centrado en la proximidad: el vínculo y el acompañamiento como llaves que permiten la apertura de mejores y más efectivas intervenciones sociales (Danel, 2020; Favero Avico, 2021; Jack, 2021; Raya Diez y Caparrós, 2014 y Sierra, 2023), e inclusive como el objetivo en sí mismo de la intervención en detrimento de otras narrativas asociadas a la gestión de recursos, a la redistribución socioeconómica y/o a la organización política de la comunidad. En simultáneo, las instituciones se encuentran cada vez en condiciones más precarias y atravesadas por un "estallido” de problemáticas viejas y nuevas que atender, en este sentido me pregunto ¿es el vínculo la condición fundamental de nuestras intervenciones profesionales o es acaso lo único que nos queda cuando nos han despojado de todo tipo de recursos en un contexto de recrudecimiento de las desigualdades? Cuando no hay acceso gratuito a la medicación, cuando las changas o los míseros sueldos no alcanzan para comprarla, ¿qué nos queda? Los vínculos:
pedir ayuda a un familiar, amigos/as, vecinos/as… ¿y a la trabajadora social?