Luego de 11 años de guerra en Ucrania y con tres años de intensos combates a gran escala a partir de la intervención directa de Rusia con sus fuerzas armadas, pareciera que se abre una posibilidad de alcanzar la paz o por lo menos las primeras negociaciones serias al respecto. Estas se formalizaron a partir de la publicación de un llamado telefónico entre los primeros mandatarios de Estados Unidos y Rusia.
Fue clave para que ello suceda, que el secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, dijera públicamente que no era realista que Kiev ingrese a la OTAN y que tampoco lo era que Ucrania vuelva a tener las fronteras de 2014. Además, afirmó que una paz duradera debía incluir sólidas garantías de seguridad que aseguren que la guerra no volvería a empezar.
Es decir, las negociaciones formalmente se abrieron a partir del reconocimiento público por parte de Washington de tres de los intereses fundamentales de Moscú en el conflicto. Rusia también obtuvo una victoria en el plano de la narrativa histórica. Tanto China como Estados Unidos, las dos principales potencias actuales, pusieron de relieve el papel central de la URSS en la victoria sobre la Alemania Nazi, contra el discurso "revisionista" Occidental. Y Trump resaltó en su comunicado de la conversación con Putin que "luchamos juntos con tanto éxito en la II Guerra Mundial, recordando que Rusia perdió decenas de millones de personas.”