La primera cumbre entre el Reino Unido y la Unión Europea celebrada el 19 de mayo de 2025 en Londres representó un hito en el complejo itinerario post-Brexit. Ocho años después de la salida formal británica de la UE, Bruselas y Londres reanudaron un diálogo de alto nivel que cristalizó en una Asociación Estratégica con compromisos orientados a la cooperación en seguridad, defensa, comercio y movilidad (Cabinet Office, 2025). El gesto político, liderado por Keir Starmer, António Costa y Úrsula von der Leyen, parece contradecir la narrativa de separación definitiva que impregnó el referéndum de 2016. Sin embargo, lejos de significar un retorno a la integración, este acercamiento debe interpretarse como la respuesta pragmática de dos actores enfrentados a un orden internacional en transformación.
La pregunta central que anima este análisis es: ¿qué revela esta nueva fase euro- británica acerca del rol internacional del Reino Unido en la era de la posglobalización y el retorno del trumpismo? Para responder, se asume una hipótesis central: el Reino Unido, tras décadas de declive relativo, opera hoy como una potencia residual, categoría acuñada por David McCourt (2014) para describir a actores que, habiendo sido arquitectos del orden internacional, conservan aún símbolos de estatus, pero carecen de los recursos materiales y la autonomía necesarios para sostener un liderazgo efectivo. Esta condición obliga a Londres a navegar en una estrategia dual: por un lado, reafirmar el vínculo transatlántico con los Estados Unidos y, simultáneamente, recomponer la cooperación con Europa.
No obstante, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 tensiona el anclaje atlántico británico acelerando el desplazamiento del centro de gravedad hacia el Asia- Pacífico y confirmando que, la globalización unipolar ha dado paso a la posglobalización (Roudometof, 2024), entendida como un estadio de fragmentación, competencia sistémica y reconfiguración regional. En este marco, el análisis se organiza en cuatro apartados: (1) del Brexit a la asociación estratégica; (2) el Reino Unido como potencia residual; (3) la relación transatlántica bajo Trump; y (4) Europa y la posglobalización: oportunidades y límites para Londres. Finalmente, se proponen tres escenarios prospectivos que ilustran la magnitud de los desafíos británicos en el siglo XXI.