El presente estudio investiga la asociación de la enseñanza, el currículo y las políticas públicas educativas en el nivel de bachillerato en Ecuador en el período de 2016 a 2025, tomando en cuenta su contribución a que la equidad parta de las aulas. Se utilizó una metodología cualitativa, mediante la implantación de entrevistas semiestructuradas a un total de 15 docentes y 6 estudiantes de secundaria, que se llevaron a cabo teniéndose en cuenta las consideraciones éticas que hay que realizar de consentimiento previo, anonimato y confidencialidad, y que permitieron la recolección de narrativas sobre las experiencias tanto del profesorado como las del alumnado respecto a la enseñanza del currículo, el uso de estrategias pedagógicas, así como, de la equidad educativa. Los hallazgos del estudio indican que el currículo incorpora nociones de base respecto a una educación inclusiva, a la interculturalidad y la atención a la diversidad en el aula, además de permitir avances en la contextualización de los contenidos y la implementación de metodologías que impulsan un alumnado que participa más activamente. No obstante, a pesar de ello, y de los esfuerzos realizados, tanto para los docentes como para los estudiantes constituyen una serie de limitaciones estructurales, como una falta de formación continua, una brecha tecnológica, una escasez de recursos en la práctica docente, y una falta de alineamiento institucional entre política, gestión y práctica docente, así como la existencia de inequidad en el aprendizaje. Los docentes hacen énfasis en esfuerzos innovadores, como la incorporación de conocimientos locales, el aprendizaje colaborativo y las adaptaciones curriculares, aunque también reconocen la falta de apoyo técnico y acompañamiento. Los estudiantes, por su parte, entienden la equidad como justicia, participación y acceso a los recursos, y también identifican desigualdades que inciden en el aprendizaje, especialmente respecto al acceso a la conectividad y a la evaluación. El estudio concluye que el currículo por sí solo no garantiza la equidad, en cambio depende de su implementación contextualizada, mediada por las condiciones institucionales y del trabajo docente. Se enfatiza que hay una necesidad urgente de fortalecer la formación profesional, mejorar las condiciones escolares e integrar políticas que permitan convertir el discurso curricular en prácticas genuinamente equitativas.