El libro más reciente de Alejandra Torres continúa con una trayectoria crítica dedicada a estudiar los procedimientos intermediales en la literatura latinoamericana, de la que dan cuenta ya varios libros y numerosas publicaciones de su autora. El corpus actual se concentra mayormente en obras de escritoras, en un recorrido amplio que abarca desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Verónica Gerber Bicecci, y que se extiende geográficamente desde México hasta Argentina. De este modo, Torres propone un itinerario tanto espacial como temporal. Su punto de partida consiste en afirmar que la visualidad construye y deconstruye los sujetos sociales y los discursos, otorgando sentido a la realidad y a las escenas históricas que nos rodean. Esta premisa, enunciada ya en la primera nota al pie del libro, se inscribe en un debate vigente dentro de la crítica literaria contemporánea: la necesidad de nombrar las textualidades que incorporan otros lenguajes en su factura, tema sobre el cual han hecho importantes aportes una serie de críticas entre las que el libro menciona a Graciela Speranza, Claudia Kozak, Florencia Garramuño y Josefina Ludmer (con su noción de "posautonomía”). A este contexto eminentemente argentino, la autora suma un entramado teórico denso que incluye referencias a pensadores y pensadoras europeos —principalmente alemanes—, articulados con rigor a lo largo de su producción intelectual. En esta nueva publicación, Torres ratifica la existencia de un desplazamiento desde un paradigma textual a otro visual, así como una nueva aproximación a los artefactos visuales. Este cambio se da en el objeto estudiado que se mueve desde "la obra de arte” a la "cultura visual de la imagen”, lo que conlleva una democratización de dichos artefactos. Como consecuencia de esto, toman protagonismo tanto el espectador, como la mirada y las prácticas de la visualidad.