Cuando se diseña un espacio cinematográfico, se pueden tener en cuenta ciertas cualidades que lo caracterizarán. El decorado de una escena audiovisual podría describirse verbalmente de innumerables maneras: opresivo, asfixiante, amplio, limpio, naturalista, extraño, siniestro, fantástico, futurista. Posiblemente, cada una de estas descripciones se asocie a características fotográficas muy diferentes entre sí. Por ejemplo: Si el espacio se presenta como amplio, limpio, fresco: seguramente se piense en una imagen luminosa, en clave alta, gama mayor, con luz neutra y poco color en los objetos. Abundante presencia de blanco y grises claros, con algún acento de un color más saturado, y todo con muy poca textura. Una imagen naturalista, con luz difusa y más bien frontal para no tener sombras definidas ni altos contrastes. Encuadres abiertos y muy equilibrados. Sería un buen estilo para una publicidad de productos de limpieza o para una comedia romántica. Si, en cambio, se propone un espacio viciado, sucio, desagradable, opresivo; se podría apuntar a una imagen con mucha textura, paredes descascaradas, donde predomine el verde o los colores cálidos, que están más asociados con la podredumbre, la descomposición, la suciedad. Una clave tonal más bien baja, con luces duras, cuyo ataque sería predominantemente lateral o contraluz para generar sombras y alto contraste, y un poco de humo para dibujar algún haz. La textura del espacio podría estar reforzada con encuadres más cerrados y poca profundidad de campo. Se obtendrá así una imagen más asociada al thriller, al policial o al terror.