Los estudios bioantropológicos enfocados en la reconstrucción de la actividad física y el modo de vida de las poblaciones humanas tienen una larga trayectoria. Desde las primeras descripciones de cambios óseos y su asociación con actividades específicas en la década de 1960, las investigaciones fueron desplazándose hacia una perspectiva poblacional centrada en la evaluación de patrones generales de actividad. Para ello, se recurrió al análisis de diferentes indicadores, tales como la enfermedad degenerativa articular, los cambios entesiales, los traumatismos, las variaciones en las propiedades métricas de huesos largos, los marcadores posturales, las exostosis auditivas y el desgaste dental paramasticatorio (Capasso et al., 1999; Crubézy, 1988; Dutour, 1986; Kennedy, 1989; Larsen, 1997).