Hace años, durante mis viajes por las provincias del norte, observé que las hojas de la Ipomea fistulosa, Mart. ofrecían al hipofillo, en el punto de conexión del limbo con el pecíolo, simétricamente en ambos costados, una pequeña tumefacción semiesférica o semiovalada, provista de una diminuta perforación puntiforme redonda, y, sin fijarme mayormente, la consideré como un acarodomacio y como tal la había anotado en mi libreta de apuntes; en cortes de ellas, efectuados en 1883, hallé en su interior una substancia amorfa parda, mezclada con restos fragmentarios de microzoos indeterminables.