En las sociedades occidentales capitalistas actuales, las tareas de cuidado recaen principalmente en los hogares, mediante arreglos familiares marcados por estereotipos de género, lo que resulta en una carga de trabajo desproporcionada sobre las mujeres. La presencia de niñas/os intensifica esta carga, por lo que la maternidad agrava las dificultades de las mujeres para acceder al tiempo libre, estudiar o trabajar en el mercado, profundizando las desigualdades de género. Estos obstáculos se acentúan en los hogares monomarentales, donde las jefas de hogar cargan con la responsabilidad del cuidado en un contexto de menores recursos económicos y con redes de apoyo más limitadas. Para compatibilizar el cuidado con el trabajo remunerado, suelen recurrir a empleos de tiempo parcial, que implican mayor precariedad laboral, menor acceso a protección social y salarios más bajos, lo que incrementa su vulnerabilidad.
Además, en muchos casos deben afrontar solas el costo económico de la crianza, especialmente cuando los progenitores incumplen el pago de la cuota alimentaria, lo que explica la sobrerrepresentación de estos hogares en la pobreza. Dado el crecimiento de los hogares monomarentales en las últimas décadas, su situación ha ganado relevancia en la agenda feminista y las políticas públicas.
Este trabajo tiene como objetivo analizar las desigualdades que enfrentan las jefas de hogares monomarentales de la PBA respecto de otros hogares, en relación con su situación laboral y económica y los efectos de estas desigualdades sobre las condiciones de vida de sus hogares. Para ello, se utilizaron datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC), la Encuesta Nacional de Gastos en Hogares (ENGHo 2017- 2018) y la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT 2021).