Esta investigación analizó los atributos demográficos y criminológicos de una población penal femenina condenada, caracterizada por pertenecer mayoritariamente al sector urbano, de entre 51 y 60 años, con baja escolaridad, precariedad laboral y con escaso soporte social. Aunque la totalidad de las participantes presentó reincidencia delictiva, la mayoría cumplió condena por tráfico ilícito de sustancias, estrategia utilizada como medio de sustento económico, mientras que los actos violentos en sus historiales respectivos son poco frecuentes tanto en el medio libre como en el medio cerrado.
La investigación utilizó varios instrumentos, tales como el IGI, HCR-20 V3, FAM y PCL-R, que evalúan riesgo de reincidencia delictual, conducta violenta y personalidad psicopática. Los resultados situaron a la mayoría de las participantes en un nivel de riesgo medio de reincidencia. La necesidad criminógena llamada pares se aprecia alta en todas las participantes debido a los efectos de la prisionización, ya que sus vínculos sociales se limitan casi con exclusividad al medio carcelario. El riesgo de violencia física es generalmente bajo, mientras que el riesgo de comportamiento criminal no violento se calificó como moderado. Ninguna de las participantes fue ubicada en la categoría trastorno psicopático de la personalidad. Se apreció la presencia de factores de protección en tiempo libre, educación y actividad laboral con persistencia en la negación del delito.
La validez concurrente entre el IGI, el PCL-R y HCR-20 V3 fue alta, además de la utilidad del instrumento FAM para complementar el diagnóstico, que permitió ajustar Planes de Intervención Individual en el contexto de la reinserción social, facilitar la segmentación en intramuros y la toma de decisiones sobre beneficios intrapenitenciarios. Respecto al consumo de sustancias, evaluado a través del instrumento ASSIST, se identificó lo denominado deseabilidad social, donde las internas suelen omitir o tergiversar información sobre su consumo para proyectar una imagen normada y lograr beneficios.
Finalmente, se verificaron indicadores conductuales relacionados con el proceso de adaptación al control penitenciario, el que permite explicar por qué la conducta violenta del medio libre no suele repetirse en el encierro. Con el enfoque integrado de los instrumentos utilizados se logró un conocimiento clínico más profundo, que permitió desechar prejuicios y establecer que la reinserción social es viable si se logran disminuir los riesgos de reincidencia en el mediano plazo.