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Esta tesis estudia las desigualdades de género en América Latina partiendo de una tensión que la región no logró resolver: durante las últimas dos décadas hubo crecimiento económico, caída de la desigualdad de ingresos y avances sostenidos en educación y participación laboral femenina, y sin embargo las brechas de género siguen entre las más amplias del mundo. Esa combinación de progreso agregado con desigualdad persistente sugiere que los mecanismos que sostienen las brechas no son los que el desarrollo económico corrige por sí solo, sino que dependen de la organización del cuidado, de las normas de género y del diseño de las instituciones y las políticas públicas. Los tres capítulos abordan mecanismos complementarios de esa persistencia con estrategias de identificación causal y datos comparables de alta calidad. El primer capítulo ofrece la primera caracterización sistemática y comparable de los efectos de la maternidad sobre resultados laborales en catorce países de la región entre 2000 y 2021. A partir de encuestas de hogares armonizadas, la construcción de pseudo-paneles y un enfoque de estudio de eventos, estima el impacto del nacimiento del primer hijo sobre ingresos, empleo, horas trabajadas e informalidad de las mujeres, y cuantifica cuánto de la brecha total de ingresos entre varones y mujeres puede atribuirse a ese evento mediante una descomposición extendida de Oaxaca–Blinder. Los resultados muestran que la maternidad es el principal determinante de la brecha de ingresos por género en América Latina y que su importancia relativa aumentó, precisamente porque las demás fuentes de desigualdad se fueron reduciendo. La comparación entre países agrega un hallazgo central: la brecha atribuible a la maternidad exhibe una rigidez notable frente al crecimiento económico, mientras que otras dimensiones de la desigualdad de género sí ceden a medida que aumenta el nivel de desarrollo. En cambio, sí aparece una asociación negativa entre la generosidad de las políticas familiares —cuidado infantil y licencias— y la magnitud de la penalización, lo que refuerza la idea de que se requieren intervenciones específicas y no simplemente esperar que el desarrollo haga el trabajo. El segundo capítulo se corre del ámbito del hogar hacia la esfera política y pregunta si la composición de género del liderazgo local incide sobre resultados ambientales. El contexto brasileño es especialmente adecuado: la Amazonía es el principal frente de deforestación del país, con consecuencias globales en emisiones y biodiversidad, y los gobiernos municipales tienen márgenes reales de acción sobre el uso del suelo. Mediante un diseño de regresión discontinua aplicado a elecciones municipales reñidas entre candidatos de distinto género, el capítulo identifica que, en los municipios del bioma amazónico, que gane una mujer reduce las emisiones totales y las tasas de deforestación respecto de que gane un varón. El efecto proviene principalmente de la caída en la intensidad de emisiones del sector de Uso del Suelo y no está acompañado de contracción económica, lo que descarta que se trate de un simple efecto de menor actividad. La evidencia sobre mecanismos apunta a una diferencia de prioridades más que de capacidad de control: las intendentas priorizan más el ambiente en sus propuestas de gobierno y tienen mayor probabilidad de ejecutar gasto ambiental, sin diferencias sistemáticas respecto de los varones en materia de fiscalización. El tercer capítulo vuelve al mercado laboral para examinar cómo la temporalidad del cuidado —y no solo su disponibilidad— condiciona la inserción laboral femenina. Usando microdatos mensuales de Colombia, explota el receso escolar de diciembre y enero como un shock predecible, recurrente y ajeno a la voluntad de los hogares sobre las necesidades de cuidado. Durante el receso, la participación laboral femenina cae de manera significativa mientras la masculina permanece estable, ampliando las brechas en participación, empleo e ingresos. El retiro se traduce en un aumento en la probabilidad de que las mujeres declaren las tareas del hogar como actividad principal, sin cambios sistemáticos en búsqueda de empleo, estudio u otros motivos. El ajuste se concentra en el empleo informal, donde el margen de respuesta a un aumento transitorio de responsabilidades es mayor, y es más pronunciado entre mujeres con hijos que viven en pareja, lo que ubica las presiones familiares —y no fluctuaciones estacionales de la demanda laboral— como el mecanismo central. Tomados en conjunto, los tres capítulos muestran que las brechas de género en la región se sostienen por canales que el crecimiento no corrige automáticamente: una penalización por maternidad que resulta rígida al desarrollo económico, una composición de género del liderazgo político que altera efectivamente las prioridades de política pública, y una infraestructura de cuidado cuya intermitencia genera pérdidas de empleo e ingreso que se repiten todos los años. La contribución metodológica pasa por combinar estudios de eventos, diseños de regresión discontinua y estimaciones que explotan variación institucional en el calendario escolar sobre bases de datos comparables entre países, y la contribución sustantiva por identificar las condiciones bajo las cuales las políticas públicas pueden efectivamente mitigar estas brechas.
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