Desde hace un tiempo, las Ciencias Humanas experimentan un creciente interés por las movilidades. Los estudios enmarcados bajo el mobilities turn comprenden una crítica a los abordajes que entienden el mundo social como una realidad fuertemente situada, con movilidades que únicamente dan cuenta del tránsito entre lugares que son el foco de la vida de las personas (Cresswell, 2010). La nueva propuesta implica un mayor reconocimiento de la fluidez. De este modo, las prácticas, los sentidos y experiencias conectadas con el caminar, viajar, conducir, migrar, etc., pueden ser explícitamente problematizadas (Marschoff y Salerno, 2016).
Nuestro interés por los grupos loberos en Antártida se inscribe en el proyecto "Paisajes En Blanco”, dirigido por Andrés Zarankin e interesado por conocer el rol de los cazadores en la historia temprana del continente austral (Zarankin et al., 2011). Los loberos fueron los primeros grupos en explorar y explotar sistemáticamente las Islas Shetland del Sur durante el siglo XIX, encontrándose comprometidos en la búsqueda de pieles de lobos marinos para la confección de prendas, y de aceite de elefantes marinos para iluminación, lubricación de máquinas, etc.
En el proyecto "Paisajes en Blanco” tradicionalmente reconocimos que la presencia lobera en Antártida fue resultado de su expansión sobre el Atlántico Sur. Sin embargo, durante mucho tiempo no nos detuvimos a problematizar las movilidades de los cazadores. El estudio de la vida de estos grupos a bordo de las naves fue incorporado tardíamente, y en especial con el objeto de formular comparaciones con lo sucedido en los campamentos antárticos (Salerno, 2011; Cruz, 2014). A pesar de ser lugares móviles, las embarcaciones fueron pensadas desde una perspectiva situada, y las prácticas y experiencias relacionadas con el tránsito no fueron contempladas.