La política exterior argentina hacia los países del BRICS ha experimentado en el último período una profundización de la irrelevancia estratégica, que puede caracterizarse como un proceso de vaciamiento diplomático. Este concepto da cuenta no solo de la reducción en la intensidad de los vínculos, sino de una retracción sistemática de los canales diplomáticos oficiales, los espacios de diálogo formal y la promoción de acuerdos de cooperación estratégica. A diferencia de etapas previas, donde predominaba una lógica de hibernación (Pasos, Schulz y Zurita, 2025), en la actualidad se observa una profunda y persistente desarticulación de la política exterior en relación con el bloque.
Este vaciamiento ha adquirido un carácter estructural en la política exterior argentina.
Los datos empíricos muestran una dramática disminución de los contactos diplomáticos formales con la mayoría de los países miembros, así como una pérdida de densidad en las agendas bilaterales. Incluso en aquellos casos donde persisten vínculos, estos se presentan fragmentados y desprovistos de una estrategia integral que les dé continuidad.
En este marco, la relación con China constituye un ejemplo de esta dinámica. Si bien se reconoce su centralidad como socio comercial, el vínculo ha sido reducido a su dimensión estrictamente económica, con un marcado sesgo primario-exportador. La baja frecuencia de contactos diplomáticos de alto nivel y la ausencia de iniciativas diplomáticas relevantes reflejan un proceso de distanciamiento del vínculo, que se inscribe plenamente en esta lógica de vaciamiento y a las exhortaciones a "sacar a China” del país que provienen desde Estados Unidos.
Al mismo tiempo, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) aparecen como el principal interlocutor diplomático en el período, con una nutrida agenda en materia de reuniones bilaterales. Sin embargo, este dinamismo responde en gran medida a afinidades geopolíticas más amplias, particularmente al acercamiento de EAU con Estados Unidos, antes que a una estrategia argentina orientada al fortalecimiento de la relación con países del BRICS.
Finalmente, el vaciamiento diplomático se complementa con un incremento de las hostilidades hacia algunos de los miembros del BRICS, en particular Irán y Rusia. La adopción de posiciones alineadas con Estados Unidos e Israel, sumadas a una retórica fuertemente confrontativa, significan un distanciamiento de la política exterior argentina respecto de los principios que orientan a los BRICS, centrados en la promoción de la paz, la estabilidad y el respeto mutuo en las relaciones internacionales. Estos elementos configuran un giro estructural en la política exterior argentina, que debilita su inserción en el Sur Global.