La pregunta por los nuevos desafíos de las instituciones educativas no puede formularse hoy al margen de una transformación más amplia de las condiciones culturales en las que se forman niñas, niños y adolescentes. ¿Qué significa educar para el razonamiento científico, para la deliberación y para la ciudadanía en una época signada por redes sociales, pantallas e inteligencia artificial? En una época signada por redes sociales, plataformas digitales e inteligencias artificiales que pueden aprovecharse de los modos en los que ha evolucionado nuestro razonamiento, ¿qué le exige hoy a la escuela una sociedad en la que la moneda de cambio es la aceleración informativa, la fragmentación de la atención y la circulación masiva de opiniones sin mediación epistémica que tienden a desdibujar la diferencia entre saber, creer y meramente afirmar? ¿Cómo puede la escuela enseñar a procesar el conocimiento en una sociedad que premia la velocidad y la opinión por encima de la verdad y el análisis?