Discutir acerca de la pertinencia del concepto de "territorio” entendido este de manera literal y, especialmente, metafórica, resulta un tópico particularmente constante en la evolución de las textualidades que se generaron en el seno del pueblo de Israel. Noción esta que deviene particularmente cara a la hora de delimitar las fronteras fácticas y semióticas que mantuvieron su unicidad en el crisol de pueblos desperdigados en el Cercano Oriente, adquiere una relevancia distintiva —aunque evidente— dentro de las pretendidas promesas divinas. No obstante, la existencia de estos precedentes no impide que la constitución de los personajes principales de la narrativa sacra no estén atravesados por cierto grado de ‘disenso territorial’ en lo referente a su ‘judeidad’. Por ello, el presente trabajo pretende analizar la figura de Séfora, esposa de Moisés, como un territorio de cruces semánticos que será aprovechado por los hebreos grecoparlantes para permanecer como miembros plenos de ambas colectividades. Para intentar demostrarlo abordaremos la obra de Ezequiel el trágico y de Aristóbulo el filósofo, quienes retoman al personaje de forma axial para construir en torno de ella la posibilidad de una re-culturación exitosa. Entendemos que el aprovechamiento de géneros tradicionales en la biblioteca helena clásica resultará de capital importancia para comprender el lugar que este sub-conjunto social pretende usufructuar dentro de la economía cultural hebrea. De esta manera, Séfora devendrá un mojón identitario de particular relevancia a la hora de legitimar ese espacio liminal que, en muchas colectividades antiguas atravesadas por la cultura helena, ocuparon los hijos de Jacob.