En el año 789 se celebró el segundo concilio de Nicea debido a la polémica suscitada en la Iglesia sobre la legitimación del culto a las imágenes. La corriente iconoclasta que llevó adelante esta querella perdió su lucha, por lo tanto, se estableció que las imágenes sí podían permanecer en las iglesias en los parámetros que se dictaminó como veneración y adoración, es decir, se veneran a los santos y a la virgen, y solamente a Dios se adora. En la baja edad media española encontramos dos autores en los que, a pesar de no tener en común el mismo estamento ni género literario en los que se destacaron, tienen vasos comunicantes que los vincula: el espíritu divulgativo y formativo de sus obras literarias. Esta ponencia se enfocará en el milagro número diez, "Los dos hermanos”, de Los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo y el ejemplo número cuarenta y ocho de El conde Lucanor de Don Juan Manuel, en los que notamos cómo a través de la historia de la salvación de un hombre (miraculum) y de una parábola (exemplum) se introducen, se desarrollan y se enseñan la veneración y adoración dentro de los márgenes que caracterizan los géneros literarios en los cuales se adscriben.