En los versos 50-156 del libro I de Eneida, Eolo desata los vientos sobre la flota de Eneas. Su accionar violento se hace notar en las aguas, y Neptuno asoma a la superficie, los confronta y revierte la tempestad, estableciendo en su lugar la calma. Afirmamos que este episodio se integra en la dicotomía furor/pietas eneidiana, en donde el símil del político en los vv. 148-153 ratifica que Neptuno actúa en favor de la pietas. Para el presente trabajo, pretendemos esbozar una lectura del episodio que, siguiendo la tesis de Philip Hardie, tenga en cuenta la influencia del tópico de la gigantomaquia en el esquema de la secuencia: de esta forma, nos detendremos en aquellos elementos que signifiquen a Neptuno no solo como un agente de la pietas sino como un reivindicador del orden ante el caos. Virgilio, así como otros autores de la literatura augustea, refuerzan su construcción político-literaria con referencias a las más grandes batallas míticas: así, se ponen en juego la estabilidad del mundo y la humanidad. El triunfo olímpico es el triunfo de la civilización. En este marco, aparecen dos modos de imperium: el de Eolo, destructor y movido por la violencia desenfrenada, y el de Neptuno, beneficioso y restaurador.