El debate sobre la pertinencia y relevancia del concepto de Imperialismo tiene una larga tradición. En su seno, es la corriente marxista en sus diversas vertientes, la que más esfuerzo ha dedicado a tratar el tema, por lo que sus aportes han sentado las bases del pensamiento crítico respecto del desarrollo económico para los países del Tercer Mundo.
En efecto, hacia finales del siglo XIX la temática tomó forma a partir del trabajo de Hobson (1870), un pensador inglés liberal que observaba cómo en las potencias europeas la multiplicación de la miseria y el crecimiento de la desigualdad social eran simultáneas a la expansión de sus imperios. Su tesis radicaba en que la acumulación de riqueza contrastaba con la pauperización de las clases trabajadoras, por lo que el gran capital europeo fluía hacia la periferia (colonias) para sostener o incrementar su rentabilidad. Para evitar este flagelo sugería una expansión de las capacidades de consumo popular que permitiera recrear las demandas en los países centrales, sin "necesidad de recurrir” a los mercados externos.