La sociedad capitalista moderna se caracteriza por grandes divisiones. Por ejemplo, algunas personas realizan tareas manuales y otras específicamente intelectuales. Entre estas últimas, algunas realizan actividades "técnicas” y otras teóricas o científicas. Al interior de la ciencia también hay fragmentaciones, entre aquellos que estudian ciencias formales, naturales o sociales, y dentro de estas últimas también aparecen separaciones: sociología, ciencia política, economía, antropología y más. Esto lleva a que haya personas que estudian los aspectos "sociales”, otros los "políticos”, otros los "económicos”, otros los "culturales”, y así sucesivamente.
El marxismo intenta pensar la totalidad de la vida social, lo que implica que, ante una realidad fragmentada, aspira a encontrar un hilo conductor. La crítica de la economía política, el proyecto teórico inconcluso de Marx para estudiar el modo de producción capitalista, tenía como ambición original escribir una obra dividida en seis partes cuyas temáticas eran: el capital, la propiedad de la tierra, los salarios, el Estado, el comercio internacional y el mercado mundial (Heinrich, 2008, p. 203). De ellos, sólo los primeros tres logran un tratamiento sistemático en El capital, dejando sus ideas sobre el Estado esparcidas en diferentes momentos de su obra.