El acervo liberal decimonónico nos legó una enorme encrucijada: la posibilidad de imaginar una identidad nacional con el propio territorio. Mientras la narración liberal de la Historia concibió la prosperidad nacional sólo a partir de la negación de lo propio, la cartografía de fines del siglo XIX asignó para nuestro sur la periferia como una condición inalterable.
El presente ensayo reflexiona acerca de la importancia de disputar el imaginario territorial legado, posicionando la ‘‘Cuestión Malvinas’’ –en tanto metáfora de la nación–, como referencia ineludible de la vinculación entre el devenir nacional y el reconocimiento del territorio.
En el marco de la inserción dependiente de Argentina en la división internacional del trabajo, la Región Pampeana se convirtió en el corazón material y simbólico del país, en el único valor a resguardar para garantizar el progreso de la Nación. La amplitud restante fue adoptada como un espacio accesorio, cuando no fue asumido como un obstáculo. En este sentido, se problematiza la representación de Tierra del Fuego como ‘‘fin del mundo’’ a la luz de la creciente disputa internacional por controlar los recursos naturales estratégicos. En contraposición, se propone que el afianzamiento de una identidad estratégica nacional afirmada en la extensión bicontinental, marítima y austral, re-sitúa nuestro sur como principio del continente americano, además de valorizarlo como corazón de la Argentina.
No es posible confrontar la herencia de la colonización pedagógica sin la observación, interrogación y narración del suelo desde nuestra latitud. La alteración de la fuerza plástica que vincula identidad y territorio nos convence de que existe un sólo modo de proyectarnos hacia el mundo, pero nosotrxs vemos el mundo desde aquí y lo dotamos de sentido desde aquí. Debemos obrar desde aquí.