Desde el comienzo de la posguerra, el teatro argentino ha aportado a las poéticas que han explorado diversas aristas de Malvinas. Al dividir este extenso corpus de 218 textos dramáticos y/o espectáculo sobre tres modos básicos para las apropiaciones o representaciones, marcada por una tendencia memorialista (1982-1992), otra poética (1993-2007) y una poéticomemorialista (2008-2025; recortes temporales siempre aproximativos), es fácil notar que una mayoría de casos se ubica en la tercera tendencia. Esto responde no solo a un mayor interés de la memoria y a un proceso de replanteo de la memoria a partir de 2007, si no también al surgimiento de una serie de rasgos y estrategias particulares, que privilegian al espectador como co-productor de nuevos sentidos. Se trata de la recuperación en la escena de viejos espectros teatrales, es decir, imágenes que regresan, pero también del uso de los vacíos y lagunas que circundan a tales espectros, por ausencia o por pérdida, y que conforman la segunda parte de la espectralización teatral, accionar que interpela de forma directa al espectador y su labor creativa. Tales espectros trazan cómo Malvinas es imaginado pero también cómo es re-imaginado, cómo vuelve pero muta en algo otro. La presente ponencia observa cómo los espectros simbólicos producen topics que marcan estrategias particulares para la elaboración de los trabajos de la posmemoria. Para ello cito las piezas Ningún cielo más querido (2022), de Emiliano Gabriel Farías, y Alguien contará esta historia (2025), de Gina Cundari.