Nuestra familia, nuestra edad, el territorio al cual pertenecemos, lo social, lo político, lo económico, y demás categorías van a incidir en nuestra experiencia en el mundo real y cotidiano. Estos múltiples atravesamientos nos dan identidad, nos posicionan como sujetos de distintos campos, y habilitan trayectorias singulares, no lineales, dentro del curso de vida individual. Respecto de las categorías etarias, es posible como señala Chavez (2010) tanto una lectura biográfica como histórica.
Por otro lado, lo que Chaves (2013) señala como procesamiento social de la edad, refiere el tratamiento que cada cultura hace de un dato biológico, señalando que se trata de una construcción socio histórica. Del análisis del ordenamiento y las relaciones de poder entre edades, surge la noción de adultocentrismo, es decir la dominación de lo adulto sobre las demás edades. Por ello, como profesionales que intervenimos con adolescentes y jóvenes, es necesario poder partir de estos conceptos e intentar comprender cómo el adultocentrismo opera cada vez que nuestra experiencia personal respecto de "ser niñe” o "ser joven”, intenta incidir y modificar como forma legítima a los jóvenes del presente. Es decir, se trata de reconocer la diversidad de experiencias juveniles y de hablar de juventudes en plural.
Entendemos también que el concepto de juventud en singular, planteado como categoría universal, refiere a una representación hegemónica de un grupo social que se encuentra, en palabras de Margulis-Urresti (1998) gozando momentáneamente de una moratoria social (tiempo lejos de los conflictos y exigencias de la economía, el trabajo y la familia).
Desde estos conceptos y tomando prestada la situación de una adolescente de 14 años que reside en una institución de abrigo dentro del sistema de protección de NNyA, intentaré analizar y reflexionar sobre la mirada adultrocéntrica, las trayectorias singulares y los proceso de adoptabilidad que atraviesa esta historia.
También incluiré una serie de preguntas abiertas que serán parte de nuevos interrogantes, que pueden funcionar como punto de partida en la criticidad de la intervención. Las preguntas buscan, no solo a reflexionar, sino de animarnos a pensar nuevos conceptos.