Como persona apasionada por los idiomas, considero que he tenido una oportunidad única: enseñar guaraní en Oslo, la capital de Noruega. Hasta ahora ha sido una experiencia profunda y reveladora, que me ha desafiado a navegar por variadas cuestiones culturales mientras transmito la belleza y la importancia de este idioma. Desde esta perspectiva, me propuse abordar cómo se lleva adelante la enseñanza de un idioma tan lejano y extraño como el guaraní a niños que poseen una lengua materna totalmente distinta, el noruego. Llevo dos años en Noruega y aún estoy aprendiendo la lengua de estas tierras. Es desde ahí -desde acá-, desde mi propia experiencia como alguien que ha recuperado el guaraní, su lengua de herencia, desde donde decido dar talleres que se basan en las narraciones orales y juegos en guaraní que tantas infancias han atravesado. Todo esto acompañado de chipa, mate y (mate) cocido. Porque si me preguntan cómo me gustaría aprender un idioma tan remoto o cómo me gustaría reconectar con mi lengua de herencia, desearía que fuera así.