Hay influencias que nos señalan un camino y hay encuentros que lo marcan para siempre. "El mundo no empieza ni termina en tu mundo” me dijo Emma Gregores, una de las indigenistas más relevantes de nuestro país, cuando, en 1982, me acerqué a ella para pedirle que me enseñara a investigar en lingüística del español. Esa frase que podría parecer obvia, me estaba transmitiendo una epistemología que fui entendiendo de a poco, en la medida en que descubría cómo cada lengua configura una conceptualización del mundo y cómo la gramática se halla trasvasada por la cultura de su comunidad. Sus palabras me acompañan siempre y signaron mi ruta académica. Por eso agradezco esta invitación a delinear la semblanza de esta gran maestra y, en especial, a compartir algunos recuerdos de los años en que tuve el privilegio de comenzar a formarme como lingüista: años de estudio y de trabajo bajo su aguda y estricta dirección.